lunes, 7 de septiembre de 2009

Trafico de organos palestinos en Israel


Altos cargos y portavoces israelíes han estado clamando contra un importante periódico sueco por haber publicado un reportaje en el que se afirmaba que el ejército de ocupación israelí asesina a palestinos para trasplantar sus órganos a pacientes judíos.

El periódico Aftonbladet, uno de los más populares de Suecia, informaba el martes 18 de agosto que los soldados del ejército de ocupación israelí habían estado matando jóvenes palestinos en Cisjordania para extirparles los órganos y venderlos. En el reportaje se mostraba una foto del cuerpo de una víctima con una larga costura desde la barbilla al abdomen.

El reportaje cita las palabras de la familia de una de las víctimas que afirma que “a nuestros hijos los despojaron de sus órganos”. El reportaje establece también una relación entre el tráfico ilegal de órganos y un reciente escándalo de corrupción en Nueva Jersey en el que están implicados altos cargos [israelíes] y rabinos.

El autor del reportaje, Donald Bostrom, habla de las fuertes sospechas que hay entre los palestinos de que el ejército israelí extirpó los órganos de los jóvenes. Sugiere que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya debería abrir una investigación.

Testigo

Bostrom cita a un testigo palestino que describe un caso en que el ejército de ocupación israelí mató de un disparo a un joven palestino de un pueblo de Cisjordania y después le extirpó los órganos. La víctima palestina ha sido identificada como Bilal Ahmed Ghniyan. “Se lo llevó un helicóptero militar y el ejército lo trajo cinco días después, muerto. Cuando su familia lo enterró vio una larga costura desde el estómago a la barbilla”.

Bostrom también cita a otro testigo que afirma que sus hijos fueron utilizados como “donantes forzados de órganos”.

“Sangrienta calumnia”

Un portavoz israelí y altos cargos del ministerio de Asuntos Exteriores despotricaron y echaron pestes contra Aftonbladet y acusaron a este popular periódico de “sangrienta calumnia” y de propagar “rumores” contra Israel.

El portavoz israelí Yigal Palmor afirmó que el periódico sueco “había convertido la demonización de Israel en una causa sagrada”.

Otros altos cargos israelíes amenazaron con denunciar al periódico sueco por calumnias y afirmaron que el reportaje era una expresión de antisemitismo.

Israel ha estado reaccionando con una sensibilidad exagerada a las críticas internacionales al trato manifiestamente muy duro que inflige a los palestinos y el racismo descarado que se asocia a este trato.

A principios de este año el ejército israelí emprendió un blitzkrieg generalizado y mortífero contra la prácticamente indefensa población de Gaza, en el que utilizó armas prohibidas internacionalmente y mató, mutiló y carbonizó a miles de civiles inocentes, incluidos cientos de niños.

Organizaciones de derechos humanos describieron esta descomunal devastación de terror y muerte que duró más de 20 días como “claros crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad”.

Igualmente, Israel había matado a miles de inocentes en Cisjordania y muchas de las víctimas fueron enviadas al instituto forense de Abu Kabir para que se les realizara la autopsia.

Sin embargo, no está claro si los órganos vitales de estos jóvenes siempre se extirpan para ser trasplantados a pacientes judíos.

El ejército israelí, que ejerce una enorme influencia política y legal en Israel, casi siempre se resiste a que se investiguen las operaciones que lleva a cabo en Cisjordania, que se hacen violando de manera flagrante el Derecho internacional, especialmente el Derecho humanitario internacional.

Precedente

En enero de 2002 un ministro israelí admitió tácitamente que órganos extirpados de cuerpos de víctimas palestinas podían haber sido utilizados para ser trasplantados a pacientes judíos sin que lo supieran las familias de las víctimas palestinas.

En respuesta a la pregunta de un miembro árabe del Knesset [parlamento israelí] el ministro, Nessim Dahan, afirmó que no podía negar o confirmar que el ejército hubiera extirpado los órganos de jóvenes y niños palestinos para trasplantes o para investigación científica: “No podría afirmar con seguridad que no ocurriera algo de eso”.

Se cree que el miembro árabe del Knesset que hizo la pregunta a Dahan es Ahmed Teibi, quien señaló que había recibido “pruebas creíbles” que demostraban que médicos israelíes del instituto forense de Abu Kabir habían extraído órganos vitales como el corazón, los riñones y el hígado de los cuerpos de jóvenes y niños palestinos a los que había matado el ejército israelí en Gaza y Cisjordania.

En una entrevista de la televisión al-Jazeera en 2002 el difunto dirigente palestino Yasser Arafat acusó al régimen de apartheid israelí de asesinar bebés, niños y jóvenes palestinos y de quitarles sus órganos para trasplantes: “Asesinan a nuestros niños y utilizan sus órganos como piezas de recambio. ¿Por qué calla el mundo entero? Israel se aprovecha de este silencio para intensificar su opresión y terror contra nuestro pueblo”, afirmó un enfadado presidente Arafat.

Durante la entrevista, que tuvo lugar el 14 de enero de 2002, Arafat mostró fotos de los cuerpos mutilados de los niños.

“No estoy preocupado por mí mismo”, afirmó el presidente cuando estaba bajo arresto domiciliario, “estoy preocupado por el pueblo palestino que está bajo asedio desde hace quince meses”.

Israel había admitido que médicos del Instituto L. Greenberg de medicina forense en Abu Kabir habían extirpado los órganos de tres jóvenes palestinos a los que había matado el ejército israelí cerca de Khan Younis. Diez días después los cuerpos fueron devueltos a sus familias para que los enterraran, pero les habían extirpado los órganos y los ojos.

Israel nunca llevó a cabo una investigación seria sobre éste y otros incidentes relacionados con la extirpación de órganos vitales de los cuerpos de víctimas palestinas asesinadas por las fuerzas de ocupación israelíes.

Según la periodista Saira Soufan, la extirpación ilegal de órganos de soldados y combatientes palestinos está documentado desde antes de los años noventa. “Una vez que los cuerpos de los soldados [palestinos] se devolvían a las familias en duelo, se descubría el robo de sus órganos durante el proceso del entierro. Las cavidades vacías habían sido rellenadas con materiales de desecho, como algodón, mangueras de jardinería y palos de escoba, y después cosidas a consecuencia de la llamada ‘autopsia’”.

De manera esporádica, las autoridades israelíes han robado los órganos de turistas muertos en Israel. Un caso al que no se dio publicidad ocurrió en 1998 cuando un escocés, Alistair Sinclair, murió en circunstancias misteriosas en un calabozo del aeropuerto de Ben-Gurion [en Tel Avivi]. Su familia denunció a las autoridades israelíes cuando descubrió que faltaban el corazón de su hijo y otros órganos. A su madre le enviaron otro corazón y otros órganos, pero ella nunca creyó que fueran los de su hijo.

Khalid Amayreh

lunes, 24 de agosto de 2009

Triste Ramadan en Palestina en la postguerra de Gaza



Dalal Abu Aisha, de 14 años, se sume en la tristeza en este principio de Ramadán: por primera vez estará sola en la ruptura del ayuno, porque sus padres, sus dos hermanos y su hermana murieron en diciembre durante la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza.

La adolescente no quiere hablar del día en que perdió a toda su familia. Pero su joven tía, de 29 años, que ahora se ocupa de ella, explica que las heridas son profundas. "Ahora que ha empezado el ramadán (el mes de ayuno musulmán), se acuerda de los banquetes antes del amanecer, de las rupturas del ayuno junto a su familia, de los regalos que recibía de su padre", explica. "Parece estar siempre ausente. Pasa todo el tiempo en internet o delante de la televisión. Es una niña muy inteligente pero sus estudios se han visto dañados" por la guerra, afirma.

Para el tío de Dalal, Rashad, de 37 años, este Ramadán es el peor que jamás haya vivido su familia. Les faltan los bienes de primera necesidad y los regalos, y los precios se han disparado en los mercados. "La guerra provocó tanto sufrimiento adicional, es más de lo que podemos soportar. La vida de Dalal es difícil, como la de todos los hijos de mártires", afirma.

Según los servicios de urgencias locales, más de 1.400 palestinos murieron durante la ofensiva israelí de 22 días -del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009- destinada a hacer cesar los disparos de cohetes palestinos contra el territorio israelí.

Otra familia duramente golpeada por la guerra, la de Al Samuni, empieza el Ramadán en una carpa levantada sobre las ruinas de su casa, en el sur de la Ciudad de Gaza.

Y como Dalal, Almaza Al Samuni, de 13 años, no romperá el ayuno al caer la noche junto a su madre y sus seis hermanos y hermanas, todos muertos durante el conflicto. En total, 29 miembros de esta familia, entre ellos muchos niños, murieron en un bombardeo el 5 de enero. El padre de Almaza resultó herido. "Nunca olvidaré a mi madre y a mis hermanas", afirma la adolescente. "El Ramadán es muy duro sin ellas. Estoy triste porque mi madre no está para preparar la comida para la ruptura del ayuno y mi padre, herido, no puede trabajar", agrega.

"El mes de Ramadán reabre las heridas y reaviva nuestro sufrimiento", afirma el padre de Almaza, Ibrahim. "Mi mujer, mis hijos, mis hermanos y hermanas, todos murieron y nuestras casas fueron destruidas. Nunca más seremos felices", se lamenta.

En la Franja de Gaza, el Ramadán es difícil incluso para los que no perdieron a sus allegados. El territorio está sometido a un estricto bloqueo por parte de Israel desde que el movimiento islamista palestino Hamas tomó su control, en junio de 2007, y la reconstrucción no avanza.

"La mayoría de la gente en Gaza está sin trabajo y no tiene ningún ingreso", explica Sami, de 40 años. "No saben cuándo se producirá el próximo desastre ni cómo pondrán hacerle frente", agrega.


Adel Zaanoun

viernes, 14 de agosto de 2009

ONGs internacionales denuncian que Israel mató 11 palestinos con bandera blanca en Gaza


La organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) ha publicado hoy una exhaustiva investigación en la que acusa al Ejército israelí de matar a 11 civiles cuando ondeaban la bandera blanca en señal de rendición durante la ofensiva de Gaza en diciembre y enero pasados. Cinco de las víctimas mortales fueron mujeres y cuatro niños.

HRW considera que a pesar de que estas 11 víctimas representan una mínima fracción de los más de 1.400 civiles y milicianos muertos en el ataque israelí, constituyen casos claros de abusos por parte del Ejército ya que los civiles ondeaban banderas blancas en lugares en los que no había combatientes alrededor. Por eso, la organización pide a Israel que lleve a cabo una investigación independiente de estos casos.

"Todas las pruebas disponibles indican que las fuerzas israelíes tenían bajo control esas zonas, que no se estaban produciendo enfrentamientos en esos lugares y que los combatientes palestinos no se escondían entre los civiles a los que dispararon. Ondearan o no una bandera blanca, esta gente no participó en las hostilidades y por lo tanto, no deberían haber sido atacados según el derecho internacional humanitario", reza el informe de 63 páginas titulado Israel: Investiga los disparos de bandera blanca a civiles en Gaza.

Para explicar la muerte de cientos de personas inocentes en los ataques de Gaza, Israel ha acusado repetidas veces a los milicianos de Hamás de utilizar a los civiles como escudos humanos durante la ofensiva. Ayer, en su respuesta al informe publicado, el Ejército reiteró este argumento y añadió que el documento se basa en testigos que no son fiables.

HRW realiza estas acusaciones después de haber visitado los lugares de los ataques, valorado las pruebas balísticas y los informes médicos y entrevistado a múltiples testigos. A pesar de que el Ejército israelí ha llevado a cabo varias investigaciones sobre el comportamiento de sus soldados durante la ofensiva contra las fuerzas de Hamás y en los que se les exculpa de las acusaciones, HRW considera que "hasta la fecha, el Gobierno israelí y el Ejército no han realizado investigaciones serias en relación a las numerosas acusaciones de violación de las leyes de la guerra durante la operación Plomo Fundido".

Uno de los casos recogidos en el informe, cuenta cómo dos mujeres que portaban banderas blancas salieron de una casa en Atatra, al norte de Gaza, que iba a ser demolida, para avisar a los soldados de que había civiles dentro. "Abrimos la puerta y un francotirador nos disparó desde otra casa", cuenta Zakiya al Qanu de 55 años. "A Ibtisam le dieron y yo me di la vuelta para meterme dentro y una bala me rasguñó la espalda. Ibtisam murió en el quicio de la puerta".

sábado, 8 de agosto de 2009

Ha fallecido Chafic El Hut


Uno de los líderes históricos de la resistencia palestina, Chafic El Hut, murió hoy en Beirut, según anunció el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) en un comunicado, aunque no aclaró las causas de su fallecimiento.

"Anunciamos con gran pena y amargura al pueblo palestino y a la nación árabe la pérdida del combatiente, pensador y escritor Chafic Al Hut, líder nacional, miembro del Consejo Nacional Palestino y ex miembro del Consejo Ejecutivo de la OLP", dice el texto.

Hut, uno de los fundadores de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dimitió del comité ejecutivo de esta organización en 1993 tras oponerse a los acuerdos de Oslo.

"Vivió desde su juventud hasta su partida todas las tempestades ocurridas a nuestra causa desde la catástrofe nacional en 1948, pasando por la guerra sionista, la invasión del Líbano en 1982 hasta ser testigo de la agresión sionista contra el Líbano y los campamentos de refugiados", agregó el texto.

Al Hut nació el 13 de enero de 1932 en Jafa y en 1948 emigró con su familia al Líbano tras la creación del Estado de Israel.

Cursó estudios en la Universidad Americana de Beirut y al terminar en 1953 trabajó como profesor antes de viajar a Kuwait.

Finalmente volvió a regresar al Líbano donde ejercía la profesión de periodista. Escribió varios libros en árabe sobre el conflicto palestino-israelí.

"Proseguiremos la lucha de los que hicieron la revolución, entre ellos Chafic el Hut, que quedará en la memoria de nuestro pueblo, en el corazón de sus hijos y en los campos palestinos hasta que se realice nuestro sueño de regresar a nuestra patria y la creación de un Estado independiente y soberano, cuyo capital será Jerusalén".

Fuentes médicas, que pidieron el anonimato, dijeron a EFE que Hut estaba enfermo desde hace mucho tiempo y a menudo estaba hospitalizado, sin confirmar o desmentir que padeciera cáncer.

martes, 4 de agosto de 2009

Mariam Abderraman Halil: "La guerra de Gaza nos igualó a todos"


Mariam Abderraman Halil nunca olvidará el invierno pasado. Medio año después es imposible para el millón y medio de palestinos de Gaza pasar página a la guerra que devastó la franja mediterránea. Traumas psicológicos, pérdidas de hogares y decenas de miles de desplazados al margen, 500.000 toneladas de cascotes se apilan todavía en los bordes del territorio.

Mariam Abderraman Halil nunca olvidará el invierno pasado. Medio año después es imposible para el millón y medio de palestinos de Gaza pasar página a la guerra que devastó la franja mediterránea. Traumas psicológicos, pérdidas de hogares y decenas de miles de desplazados al margen, 500.000 toneladas de cascotes se apilan todavía en los bordes del territorio. Se necesitaría un año para desescombrar, asegura la ONU. Hará falta más tiempo. Porque de la ayuda financiera internacional, pregonada por EE UU, Europa y los países árabes, ni un euro ha llegado. Los fondos están listos, pero el Gobierno israelí impide que los materiales imprescindibles para la reconstrucción entren en esta gran cárcel. Probablemente porque no tiene más remedio, Mariam Abderraman Halil, que se resiste a revelar su edad, se esfuerza por paliar algunos efectos de la destrucción. Misión casi imposible. Sin apenas recursos, dirige una ONG, la Asociación de Desarrollo Familiar y Social, dedicada a promover proyectos económicos -modestos, cómo no, en este pedazo de tierra bloqueado desde hace tres años- para mujeres y niños: pequeños hornos de dulces, cursos de peluquería, un gimnasio...

"Tenemos grandes problemas económicos", afirma esta mujer tenaz, musulmana, simpatizante de Hamás, madre de tres hijos, y que se aferra a un clavo ardiendo para extraer algo positivo del desastre. "Lo mejor que sucedió", destaca, "es que todos se sentían cerca de todos, que todos querían ayudar. Las personas se hacen más duras y resistentes, y el rencor provocado por las disputas políticas entre Hamás y Al Fatah se esfumó. La guerra nos igualó a todos".

Todo empezó a las 11.30 del pasado 27 de diciembre. Nunca Israel había empleado contra los palestinos tácticas de guerra. Jamás había utilizado la aviación con semejante saña, para que después siguiera la labor la artillería, antes de la invasión de la infantería. Había que disuadir y propinar un castigo severo a Hamás, aunque fuera a costa de los civiles ajenos a las batallas. Porque apenas hubo combates entre milicianos palestinos y soldados israelíes. Tan sólo cohetes lanzados por las milicias -que mataron a tres personas en Israel- y fuego a discreción, a menudo indiscriminado, que acabó con la vida de 1.400 palestinos, la gran mayoría civiles.

El edificio que alberga la organización -casi 5.000 fueron demolidos y unos 20.000 seriamente afectados- resultó dañado. Como su vivienda, que abandonó en plena refriega. Mariam regresó a casa después de meses durmiendo en la de sus padres. Su marido se refugió con los suyos. Como tantos gazauis. "Hicimos reparaciones con nailon y plásticos, pero había fugas de agua y no volvimos hasta el final de la primavera, cuando dejó de llover". Remiendos improvisados que son norma en la asediada Gaza de hoy. Israel prohíbe la entrada de cristal.

Mariam y las 14 compañeras empleadas en su ONG -las mujeres participan de la vida social y económica más que en otros países árabes- trabajaron a destajo durante los 23 días de infierno. "Tratábamos de dar alimentos y alojamiento a familias cuyas casas fueron bombardeadas. Comíamos poco y dos veces al día, pero los vecinos la compartían. No ofrecíamos manjares, pero a eso estamos acostumbrados", ríe. Veintitrés días sin respiro. "Las casas vibraban. Era difícil tranquilizar a los niños, porque una también estaba nerviosa. Era necesario disimular porque es complicado explicar a un pequeño lo que es una guerra".

Mariam recuerda tiempos más pacíficos, cuando muchos palestinos tenían empleo en Israel. Su padre conducía un camión y trabajaba, dos décadas atrás, para Ariel Sharon en el rancho que la familia del ex primer ministro posee a tiro de piedra de Gaza. En los años ochenta ella emigró con su esposo, médico de profesión. Se podía entonces viajar y salir de la franja. Durante 16 años residió en Arabia Saudí y en Jordania. Regresó en 1998, en una época de optimismo que se ha desvanecido, aunque la media sonrisa permanezca en su rostro. Sabe que nuevas oleadas violentas son probables, que la lucha interna entre los palestinos parece lejos de acabar. "Es sencillo. Estamos divididos entre quienes quieren rendirse a Israel y quienes no lo aceptaremos", explica concisa antes de prometer: "No volveré a emigrar. Mejor morir aquí que en Arabia Saudí".

jueves, 18 de junio de 2009

Fatenah, un corto de animación para que los palestinos dejen de ser números

La triste historia de una mujer de Gaza pasa de la realidad a la pantalla en "Fatenah", un corto de animación palestino que pone rostro a uno de los muchos dramas que ocultan los fríos números del conflicto de Oriente Medio.

Basada en hechos reales, "Fatenah" cuenta las vicisitudes de una habitante más de la franja palestina, una costurera que sueña con desposar a su compañero de trabajo y que un día descubre un bulto sospechoso en uno de sus pechos.

Desde entonces, la protagonista será víctima tanto de la negligencia y conservadurismo de los doctores de Gaza como de las humillaciones y despotismo de los soldados de Israel en el cruce fronterizo de Erez, que une ambos territorios, en medio de una desesperada contrarreloj contra su cáncer.

Huelgas, apagones, ráfagas de disparos, el insustituible humus con pan de pita sobre la mesa o la danza local dabke recuerdan al espectador que la historia transcurre en Gaza e Israel entre 2004 y 2005, aunque sin despegarse del tema central: el drama de "Fatenah".

"Queríamos contar una historia, que es también un ejemplo, pero es ante todo una historia humana. Para el mundo, los palestinos somos números: 'cinco muertos hoy', 'siete ayer'... pero los números no son lo importante, sino lo que hay detrás", apunta el productor, Saed Andoni, en una cafetería de la ciudad cisjordana de Ramala.

De hecho, la muerte de Fatenah "fue aún más problemática en la vida real, pues sus familiares tuvieron que entrar de tapadillo en el cementerio para enterrarla porque en ese momento había allí tropas israelíes con motivo de una incursión", agrega.

El proyecto nació de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONG israelí Médicos por los Derechos Humanos, que incluía el caso que inspira el cortometraje, de media hora de duración.

Al leerlo, Andoni decidió llevarlo a la gran pantalla bajo la dirección de su amigo el director Ahmad Habash, también palestino, que acababa de regresar a Cisjordania desde Londres tras concluir un máster en animación.

"La animación va bien con la historia porque resulta más ligera para el espectador que los personajes reales. Los hechos son tan tristes que, presentados como ficción clásica o documental, serían demasiado fuertes o aburrirían", señala el productor.

Así, durante año y medio y con apenas 60.000 dólares de presupuesto (aportados íntegramente por la OMS), un equipo de treinta personas sacó adelante el film con un estilo visual voluntariamente naif.

"Le dimos un cierto toque de historieta de dibujos animados para que resulte natural a ojos de todas las edades. No quisimos hacer hiper-realismo ni que los personajes parezcan completamente humanos", explica Habash.

Tampoco se ha querido mantener el nombre de la mujer de carne y hueso plasmada ahora en tres dimensiones porque el guión incluye algunas licencias -sobre todo en los diálogos, lógicamente ausentes del informe- y porque la protagonista tuvo que desnudarse ante soldados israelíes, un asunto sensible en la sociedad de Gaza.

La película tendrá su pre-estreno el próximo día 1 en el cine-teatro Al Kasaba de Ramala y ya ha sido enviada a los festivales de Venecia y Toronto.

"No creo que las películas puedan cambiar el mundo, pero sí pueden contribuir a humanizar a los palestinos. A mi juicio, los cineastas hacemos mucho más que los políticos por la causa palestina. El cine palestino recibe mucho respeto y atención en los festivales internacionales", opina Andoni.

En Israel, donde muchos artistas palestinos rechazan presentar sus obras en protesta por la ocupación, "Fatenah" sólo será exhibida en el "lugar, momento y contexto apropiado", pero "nunca junto a grandes eslóganes vacíos, como 'cooperación'", matiza.

En efecto, el conflicto palestino-israelí también toca al celuloide y -al igual que en el terreno militar- la enorme brecha de capacidades genera resquemor.

No extraña por ello que el productor palestino se apresure a subrayar que el primer largometraje israelí de animación candidato al Oscar, la alabada "Vals con Bashir", costó al menos cuarenta veces más que su humilde "Fatenah".

Antonio Pita






lunes, 1 de junio de 2009

Israel pretende convertir en delito la conmemoración de la Nakba, el holocausto palestino



Los legisladores israelíes, en su incesante campaña contra los palestinos autóctonos, insisten ahora en ilegalizar la conmemoración de la Nakba. En fechas recientes unos cuantos parlamentarios de la Knesset, entre ellos algunos miembros del gabinete ministerial, han presentado un proyecto de ley que criminalizará la remembranza del holocausto palestino acaecido en 1948 (la denominada Nakba, desastre en lengua árabe). Lo curioso es que el Estado judío, cuya raison d’être gira en torno a la remembranza del sufrimiento judío, trate ahora de prohibir que los palestinos con ciudadanía israelí hagan lo mismo con su propio sufrimiento.

Es bien sabido que Israel borró del mapa cualquier huella de posible existencia palestina sobre el territorio. Aldeas, pueblos, huertos, campos y bienes culturales palestinos fueron eliminados poco después de 1948. Hoy, los legisladores israelíes están dando un paso más en su guerra contra el patrimonio palestino. No se trata solamente de una expulsión física y de un borramiento de hechos sobre el terreno, no es sólo una limpieza étnica realizada por motivos raciales, con hambrunas, confiscación de territorio, demolición de casas, bombardeos de escuelas o lanzamiento de fósforo blanco sobre populosas barriadas. No, de ahora en adelante Israel quiere también invadir la mente palestina. Los miembros de la Knesset israelí insisten en erradicar la memoria colectiva de Palestina. Al menos formalmente, están tratando de prohibir el derecho a recordar.

Tal como Khalid Amayreh señaló hace unos días, “un parlamentario palestino-israelí comparó el proyecto de ley con una imaginaria promulgación en Alemania de una ley que prohibiese todas las actividades judías que conmemoran el holocausto”. La comparación entre la Nakba y el holocausto judío es correcta. Estamos hablando de dos crímenes racistas de magnitudes colosales. Sin embargo, mientras que los alemanes arreglaron las cuentas colectivamente con su pasado, el Estado judío se dirige ya hacia su séptima década de negacionismo mientras persiste en su más absoluta iniquidad contra una inocente población civil.

A la luz de las nuevas medidas de implacable brutalidad israelí, vale la pena que exploremos una “voz judía de la razón”, la insólita voz de una persona que se ha manifestado en contra de ese absurdo proyecto de ley. Ruth Gavison, profesora de Derecho en la Universidad Hebrea de Jerusalén, es esa persona. Además de profesora, es también “presidenta” –por favor, no se me rían– del Centro de Pensamiento Sionista, Judío, Liberal y Humanitario. La semana pasada, Gavison publicó un artículo contra el nuevo proyecto de ley en el popular noticiero online Hebrew News.

La profesora Gavison cree que el sionismo puede interpretarse como una misión humanista y liberal. Sin embargo, basta con analizar un poco su pensamiento para descubrir la espeluznante verdad: esta profesora de Derecho carece de cualquier noción de ética o humanismo con carácter universal. Su visión de la justicia está deformada por el sionismo y lo único que hace es malabarismo verbal con viejos clichés simbólicos sionistas, a la espera de que sus lectores hebreos ni siquiera se tomen la molestia de contradecir su pobrísima argumentación.

Gavison está contra el proyecto de ley. Con toda la razón afirma que se trata de algo “injustificado y estúpido, que malinterpreta el problema fundamental de nuestra vida pública”. Según ella, este legalismo es el camino menos apropiado para enfrentarse a ese problema fundamental. Pero la amabilidad de la profesora Gavison se termina aquí.

A pesar de un comienzo tan prometedor, la profesora de Derecho no tarda mucho en mostrar sus cartas. Veamos lo que tiene que decir sobre la Nakba:

“Es un hecho aceptado que el mismo día que la mayoría judía celebra su independencia en su propia tierra simboliza para algunos de la minoría árabe el día de su desastre”. Es ciertamente revelador que, para la profesora Gavison, quienes conmemoran la Nakba no son los palestinos de forma colectiva, sino sólo algunos de ellos. Sin embargo, para ella son los palestinos, y sólo ellos, quienes cargan con la responsabilidad.

“Es preciso recordar”, dice Gavison, que “podría haber sido diferente… este día podría haber sido una celebración para israelíes y palestinos, que podrían celebrar la fundación de dos Estados nacionales.” Llegados a esta línea, uno empieza a preguntarse quién será el tonto al que Gavison está tratando de engañar. Seguramente la profesora debe conocer que el plan para expulsar a los palestinos formaba parte del programa sionista desde sus inicios. “Los palestinos”, continúa, “se negaron a aceptar la partición territorial y, a consecuencia de aquella guerra, el Estado israelí fue erigido sobre las ruinas de la sociedad palestina y sobre el territorio palestino. Muchos palestinos se convirtieron en refugiados y el Estado palestino aún no ha sido establecido.”

A estas alturas de su discurso, lo lógico es que la profesora de Derecho, que también es “presidenta” de un instituto que promueve una imagen de “humanismo judío”, llegase a la necesaria conclusión: que ya va siendo hora de que los palestinos expulsados regresen a sus tierras y a sus hogares.

No se cansen, pueden esperar sentados, porque Gavison no es exactamente una humanista universal: sólo es sionista. Lo único que quiere es detener el actual proyecto de ley que prohíbe a los palestinos la conmemoración de su tristeza. En otras palabras, lo que quiere es que los palestinos puedan estar tristes y lamentarse todo lo que deseen.

“La tristeza es un sentimiento natural de la gente que sufre mucho”, concede la refinada profesora. “No debemos negar la historia, no debemos prohibirla legalmente, nuestro reto consiste en confrontarla”. Lo normal es que una revelación así, salida de la pluma de una supuesta humanista, condujese al reconocimiento del pecado sionista e incluso a una admisión de responsabilidad.

Nada de eso sucede. La presidenta del Centro de Pensamiento Sionista, Judío, Liberal y Humanitario no cuadra dentro de nuestra noción de lo que debe ser un humanista. Es sólo una propagandista del tribalismo judío que trata de moldear esporádicos términos liberales para justificar un implacable y crudo comportamiento carente de la menor ética. Gavison no quiere justicia para la región, lo único que pide es que se desarrolle una “conciencia del pasado que pueda eventualmente transformarse en un futuro civil en el cual árabes y judíos vivan unos al lado de los otros”. Supongo que nunca juntos.

Cierto, Gavison es lo suficientemente misericordiosa como para permitir que los palestinos se lamenten de su pasado. Pero se niega a aceptar responsabilidad alguna por las consecuencias que acarreó el aparato institucional colonialista judío. Está claro que prefiere seguir viviendo en tierra palestina e incluso llamarla “patria” con tal de no devolverla a sus auténticos dueños. Más que los fanáticos sionistas de derechas que han presentado ese siniestro proyecto de ley, es la profesora Gavison, esa –por así decirlo– “humanista sionista”, quien encarna el verdadero significado de la brutalidad y la monstruosidad israelíes. En nombre del simbolismo humanista promueve el mantenimiento del crimen nacionalista judío.

La profesora Gavison termina su artículo declarando que “negar el pasado es algo inapropiado, pero no hacernos responsables de él es también inaceptable. Tenemos que encontrar soluciones para aprobar el derecho de los judíos a la autodeterminación en (parte de su) patria.” Yo quisiera que esta profesora profundamente “siohumanista” nos hiciese entender de una vez por todas qué es lo que da a los judíos el derecho a la “autodeterminación” a expensas de los demás. Quizá una vez que logremos comprenderlo seremos lo suficientemente maduros como para permitir que la profesora Gavison –o cualquier otro “sionista humanista”– nos iluminen y podamos entender qué es lo que hace que Palestina sea una patria judía legítima.

La lectura del texto de Gavison muestra una vez más la horrorosa verdad: sionismo y pensamiento liberal judío tienen poco que ver con humanismo, ética o universalismo. Como mucho, sionismo y humanismo son conceptos opuestos, por la sencilla razón de que el sionismo es una cosmología tribal racialmente orientada mientras que el humanismo tiende a lo universal.
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Manuel Talens es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.